Las conexiones entre máquinas para comunicarse entre sí o intercambiar información, tecnología conocida como machine to machine (M2M), no paran de aumentar. El último informe de la multinacional norteamericana Cisco predice que en 2020 el tráfico global de datos móviles llegará a 12.200 millones de conexiones en todo el mundo. El auge de estas conexiones vendrá provocado, principalmente, por la aplicación de Internet de las Cosas (IoT) en multitud de sectores.

Ante esta situación, que es previsible que registre crecimientos año a año, la pregunta que podríamos formularnos es qué idioma hablarán las máquinas. La respuesta, en parte, viene dada por otra nueva tecnología denominada cadena de bloques o blockchain en inglés. Seguro que ya habrás oído en multitud de ocasiones esta palabra, pero si no sabes a qué se refiere te invitamos a continuar leyendo.

¿Qué es el blockchain?

En un lenguaje llano, sin tecnicismos, se podría definir como una base de datos distribuida (peer to peer) y segura que se puede aplicar a transacciones de cualquier tipo, no solo económicas.

En 2016, cuando Don y Alex Tapscott publicaron la obra Blockchain Revolution, explicaban que “la cadena de bloques es un libro digital incorruptible de transacciones económicas que pueden programarse para registrar no solo transacciones financieras, sino prácticamente toda transacción o información que sea de valor”.

¿Cómo funciona?

Un ejemplo servirá para entender su funcionamiento y los pasos que se producen para realizar estas transacciones. Pero hay partir de la premisa de que cadena de bloques debe contar con varios usuarios de forma que estos validarán las transacciones y quedarán registradas en ese libro al que hacen referencia los autores.

1. Alguien quiere enviar dinero, embarcar un producto, o bien, firmar un contrato.

2. Se envía una notificación de la acción a todos los usuarios que están dentro de la red (que podría ser global).

3. Si la transacción es válida, todo el mundo la aprueba.

4. Después de la aprobación, el registro se actualiza (es decir, se añade un bloque a blockchain).

5. La acción se produce, y, si es un pago, el dinero cambia de manos.

6. Un registro inmodificable cierra la transacción.

Este tipo de tecnología es la que hay detrás de bitcoin, la primera –aunque no la única– moneda virtual. Una de las virtudes de la cadena de bloques es poder vincular unívocamente a cada usuario que realiza una transacción en este libro de contabilidad digital.

Hasta ahora, era necesario un organismo que centralizara toda la información de nuestras transacciones. Sin embargo, con blockchain los datos están distribuidos en miles de ordenadores, por lo que un cambio malintencionado en unos cuantos ordenadores no haría que cambiara el resultado final.

¿Qué pasaría si todo nuestro sistema financiero se basara en este sistema? Conseguiríamos trazabilidad a cada euro que se moviera. Seríamos capaces de ver el flujo de dinero, más allá de volúmenes y de ver el recorrido que hace cada euro. Pero me asaltan varias dudas:

  • Al igual que hablamos de privacidad, a título personal, ¿se aplicaría también a las finanzas?
  • Si hablamos de una base de datos descentralizada y la aplicamos a nuestro sistema de finanzas, ¿qué pasaría con los bancos?

Características

Entre las características del blockchain habría que citar las que siguen:

  • Es transparente. Se tiene trazabilidad de todos los movimientos y quién los ha generado, por lo tanto, pone las cosas difíciles a quienes controlan el dinero, por ejemplo, para manipular la información.
  • Es incorruptible. Al tratarse de una base de datos distribuida y tener los datos duplicados por los distintos nodos, hace que sea incorruptible.
  • Es inmutable. Una vez que se aprueba un registro y queda escrito en la cadena, este es inmutable. Nada puede cambiar. Como si de un apunte contable se tratara, para modificar el saldo tendríamos que insertar un registro para que el saldo cambie. Como consecuencia de esto, el libro contable conservará todos los movimientos que se generen.

Aplicabilidad

¿Podría ser el futuro del almacenamiento de datos? Piensa por un momento que, en vez de tener los archivos almacenados en los servidores de OneDrive o Dropbox, pudieran estar “divididos” en los ordenadores de millones de personas en todo el mundo. No es descabellado, servicios como Storj o Sia ya están trabajando en ello.

El marketplace OpenBazaar utiliza esta tecnología. Si te interesa, puedes bajarte su aplicación para comprar y vender sin ningún tipo de intermediarios y, como consecuencia, sin ningún coste añadido en tus compras o ventas. El dinero que pagas va íntegro al vendedor.

Por otro lado, en las grandes empresas donde la cadena de suministro sea sostenible y éticamente correcta podría surgir en algún momento un problema. Si se produce un “desliz”, este será difícilmente controlable, lo que puede provocar una gran pérdida de credibilidad para la compañía. Más aún con la viralidad que llegan a conseguir estas historias en la red de redes. Para el sector de la alimentación, la start up Provenance ha desarrollado un software de trazabilidad de productos que está ya utilizándose en numerosas compañías.

Y, ¿qué podríamos decir de la música? Por ejemplo, tener una app parecida a Spotify desde la que en lugar de pagar una suscripción y royalties, se abonara el pago de forma directa a los artistas. No es una quimera, VOISE y Ujo Music ya están trabajando sobre esta idea.

Sin duda, esta tecnología está llamada a ser uno de los pilares de la transformación digital no solo en la parte monetaria, sino también en el lenguaje utilizado en las comunicaciones M2M. Sin embrago, aún es pronto para que lo veamos en nuestro día a día.